POEMA DE CASCADA BLANCA

Cansado, ha llegado el caminante, de buscar ansiosamente

la tranquilidad que solo da la  paz.

Una paz que perdió cincuenta años atrás

por vivir equivocadamente.

Y que desde joven trató de llenar su vacío con diferentes opciones.

Conoció todo lo que había que conocer, pero en la medida

que a su manera experimentaba, más se alejaba

de la paz que tanto buscaba.

Muchas cosas aprendió en esta vida

y lo más importante, ¡que no se puede vivir de emociones!

El viador que transitaba a pasos cansados y con deseos de morir,

en ese estado estaba, pero de repente y como por un extraño sortilegio,

recibió una segunda oportunidad de reunirse con su amada para volver a vivir,

inmediatamente el caminante la aceptó y lo consideró un enorme privilegio.

Alejandro y Mavi, viajeros que deberían haber transitado por un solo camino,

ahora en la Cascada, tendrían la oportunidad de volverse amar.

Y sin saber cómo,  guiados por una mano misteriosa,

se reunieron en Cascada Blanca para encontrar su verdadero destino.

Allí se fundieron en uno solo, tomados de la mano y en un solo palpitar,

y así recibieron, sin merecerlo, una segunda oportunidad maravillosa.

Los dos enamorados fueron conducidos a Cascada Blanca y sintieron,

cuando llegaron a este lugar, una atracción irresistible y misteriosa.

Intentaron comprender lo que pasaba y no pudieron,

habían sido guiados para reunirse  en la Cascada, por una mano poderosa.

Tendrían que bajar más de ciento cuarenta gradas para tomar

el rumbo a la Poza Encantada y luego al Templo sagrado.

Y hasta allí llegaron sin saber que pasaba ni adonde iban,

estaban bajo el hechizo de las aguas  que al murmurar,

dejaban escuchar una preciosa melodía de un himno  multiplicado,

y ambos, aunque les gustaba lo que veían, no sabían con certeza lo que hacían.

Impresionados, contemplaron la caída del agua de la Cascada,

Y como en un hechizo, fueron arrullados por una voz que emanaba

del centro de la poza y que con cariño les invitaba

a unirse a ellos, como en un coro sonoro que alababa.

Allí conocieron a Yaguare y a Yasica, visita que fue una revelación,

fueron invitados por ellos a quedarse para siempre en este lugar sagrado.

Con el tiempo aprendieron  a descifrar las historias escritas en cada piedra,

porque cada una de ellas, chicas y grandes tienen su propia versión,

ellas se esmeran en contar y de corrido, pero con mucho cuidado,

de que cada vocablo escrito se entienda, se aplique y no se pierda.

En una roca grande se  lee:” Vendrán muchos a la Cascada, unos se maravillaran

por el esplendor de la belleza de la  naturaleza que aquí se encuentra,

pero lamentablemente, regresaran como vinieron, pero algún día volverán.

Otros viajeros vendrán por curiosidad y por convicción se quedaran,

porque en algún momento de su estadía, comprenderán que aquí se entra

dejando atrás todo lo que han vivido porque ya no los encontraran

La Cascada es quien escoge quien se va, quien se queda y siempre atina,

ella elige, así lo hizo con el cuidador de ella, el victorioso,

lo trajo de lejanos lugares para hacerlo su vigilante.

Por  sus raíces bolivianas y de costumbres andinas

y por ser heredero de los Incas, que son de pensamientos misterioso,

Don Víctor será siempre social, caballeroso, educado y de perene galante.

Viajero cansado que hoy haz llegado a la puerta de este Hostal,

aquí encontrarás cosas maravillosas y el paraje que siempre  encanta.

Si te empeñas, escucharás las voces de Yaguare y Yasica que es algo fenomenal

y de seguro te invitarán a quedarte por siempre en Cascada Blanca.

Managua, 7/12/15

Leandro Delgado Miranda