LOS CONTADORES EN MATAGALPA

 

Se iniciaba la década de los años cuarenta del siglo anterior. El gobierno de Nicaragua por medio del Tribunal de Cuentas, lo que es hoy la D.G.I., se encontraban en grandes problemas. Sus recaudaciones fiscales eran muy pocas, la mayoría de los contribuyentes no estaban cumpliendo con sus obligaciones fiscales.

El problema era que no había personal suficiente y calificado para hacer la tarea de supervisión a las diferentes empresas y casas comerciales registradas como contribuyentes y necesitaban urgentemente encontrar una solución al problema.

La educación en esos tiempos estaba en pañales y eran pocos los que asistían a las escuelas y menos los que terminaban la primaria. Tenía que pertenecer a una familia muy acomodada económicamente para que el hijo de la familia estudiara la secundaria y enviarlo a León a estudiar una carrera que era donde estaba la Universidad más cercana.

Por esa razón en esa época era muy difícil el estudio de carreras universitarias y técnicas, especialmente para las familias de escasos recursos que no podían enviar a sus hijos a estudiar a Managua o a León, que eran las ciudades donde muy pocas escuelas, pero bien calificadas, ofrecían el curso de contabilidad básica con duración de tres años y al final entregaban el diploma de contador comercial básico.

De tal manera que el gobierno decidió convocar a jóvenes de todo el país, con sexto grado de primaria aprobado para que presentaran un examen de selección. Los ganadores obtendrían una beca para recibir su preparación por espacio de treinta meses y al final obtendrían diploma que los acreditaría como contadores fiscales autorizado por el gobierno.

El compromiso era doble, primero estaban obligados a concluir y aprobar el curso, luego de eso, se comprometían a trabajar para el gobierno una vez concluido el curso, por espacio de cinco años ininterrumpidos al servicio de las administraciones de rentas donde fueran ubicados.

Si no se cumplían estos requisitos, el padre del estudiante tendría que resarcir al gobierno por los gastos ocasionados por el estudiante. Por su parte el gobierno brindaba alojamiento, comida. Materiales escolares, cuidados médicos y al final la entrega del diploma y trabajo garantizado al finalizar el curso.

En Matagalpa fue muy rigurosa la selección de los aspirantes, ya que eran pocas las becas disponibles. Tenían que ser examinados por el director y fundador de la Escuela “Evaristo Carazo” el maestro de generaciones Maestro Eliseo Picado Palma que gozaba del prestigio y respaldo del Ministerio de Educación Publica y otros prominentes profesores que fueron enviados desde Managua.

Por unanimidad y excelencia de notas fue seleccionado un ex alumno del Maestro Picado, el alumno que cuando estuvo en sus aulas y que recién algunos años había egresado fue siempre su mejor alumno, que año con año lo distinguían para plantar los pinos que por muchos años adornaron el contorno de la Iglesia Catedral de Matagalpa.

Fue costumbre por mucho tiempo, que el mejor alumno de esa escuela plantara un árbol de pino, como un reconocimiento a sus méritos y estímulo para continuar en el mismo nivel, de todos esos pinos sembrados, al sol de hoy, quedan unos pocos y todos de ellos permanecen, olvidados e ignorados.

Si se hubiese seguido esa práctica, se hubiera arborizado toda la ciudad de Matagalpa y sus contornos y tal vez hoy tendríamos más árboles y quizás el río grande no hubiera desaparecido.

El alumno era el Sr. Leandro Delgado Méndez, el que años después llegó a convertirse en el director de la Jazz Matagalpa.

Por recomendaciones del Maestro Picado, una vez que fue aceptado y haber iniciado sus estudios de la carrera de contador fiscal, también se matriculó al mismo tiempo en turnos nocturnos en la Escuela de Comercio “Silvano Matamoros” para llevar los estudios de contador comercial básico, cuyo curso tenía unos pocos meses más de duración que la del contador fiscal.

De tal forma que al final obtuvo dos diplomas, uno del gobierno que lo acreditaba como Contador Fiscal y otro de la Escuela de Comercio “Silvano Matamoros” como Contador Comercial.

El Sr. Leandro Delgado Méndez después de haber terminado satisfactoriamente sus estudios de contador fiscal de la primera promoción del Tribunal de Cuentas y de contador comercial, fue asignado a Matagalpa y conforme a lo establecido, prestó sus servicios en la administración de Rentas por espacio de cinco años, luego de eso, el comercio en general demandó de sus servicios contables.

Debido a la labor de los inspectores fiscales, las casas comerciales tuvieron la necesidad de contratar contadores para poder defenderse del acoso fiscal del Tribunal de Cuentas. Sin embargo, el gobierno usaba al Tribunal de Cuentas para premiar a sus correligionarios y a castigar a los que no lo eran.

Matagalpa vio surgir una galería de contadores respetados y admirados que supieron hacer las cosas de una manera tan ética que los comerciantes pudieron descansar un poco del fisco.

Ellos fueron los que marcaron la diferencia y señalaron el rumbo para las próximas generaciones de contadores.

Me voy a atrever a mencionar algunos nombres, puede ser que se me escape alguno y pido disculpas anticipadas, no es intencional.

No puedo dejar de mencionar a los que en mi memoria están presente y lo hago con mucho cariño y respeto sabiendo que hay muchos más que hicieron huella en el comercio de Matagalpa.

No importa el orden, lo cierto es que hombres como el Sr. Adán Maradiaga Arosteguí, por muchos años contador de la casa Vita, el Sr. Alfonso Jirón Poveda, egresado también de la segunda promoción de la escuela fiscal del gobierno, excelente profesional, atendía a varias casas comerciales. El Sr. Agustín Sequeira, quien combinaba su tiempo atendiendo a las casas comerciales y años después impartiendo su saber en las escuelas de comercio que pronto se instalaron en Matagalpa.

El Sr. Jaime Valdivia, que trabajaba en sociedad con el Sr Edmundo Elizabeth, atendiendo a una buena parte del comercio. Sr. Ramón Soza, excelente contador de la tienda Irma, de la Srita. Irma Mantilla y otras casas comerciales. El Sr. Ramón Mejía, igual de ético que los mencionados y con una buena clientela. Sr. Horacio Madrigal, brillante contador de la tienda “Repuestos El Caribe” y de algunos Beneficios de café. Sr. Fernando Poessy Rivera, el contador del establecimiento de la Srita. Soledad Cano y otros establecimientos.

El Sr. Manuel Padilla, otro excelente contadores que desde muy joven entró al servicio del Banco Nacional de Nicaragua y que cuando fue jubilado tuvieron que darle terapia para que ya no siguiera llegando al Banco.

Toda esta galería de hombres éticos, competentes y profesionales hicieron que el comerciante pudiera tener otras opciones frente al Tribunal de Cuentas, rechazando las multas y reparos que le imponían a las declaraciones anuales para la cancelación de sus respectivos impuestos.

Aunque nunca se ha logrado una justa aplicación de la ley, después de la revisión de los libros que estos contadores llevaban y de las declaraciones en tiempo y forma, algunas veces, no todas, se logró revertir los reparos y el fisco se dio cuenta que debía de dar diferente trato a los contribuyentes que tenían contabilidades que se podían auditar sin reparos.

Por su parte los contribuyentes supieron que la mejor forma de hacer negocio era llevando una exacta contabilidad y el pago a tiempo de todos los impuestos. Para esto se tenía que contratar al contador con más capacidad y con más experiencia.

La mayoría, por no decir, todos ellos, ya descansan. Pensando en que la tecnología ha venido a dar un gran impulso al desarrollo de las empresas y que ahora todas las contabilidades se registran por medio de programas contables y que han demostrado ser una herramienta poderosa y eficaz para realizar con exactitud y rapidez todas las operaciones de las empresas, ¿habrían podido sobre vivir esta galería de contadores profesionales a la tecnología actual?

¡Claro que sí! Los programas son solo herramientas, el contador es el pensante, si toda esta gente pudo salir adelante cuando todo se hacía a mano, ¿Por qué no ahora que se hace digitalmente? Por supuesto que se habrían acomodado a la era moderna y también habrían salido triunfantes, eran hombres con inteligencias claras, con éticas, profesionales de mucha experiencia. Si hay algo cierto en esta vida, es que no hay nada que el hombre no pueda hacer y no hay que temerle a la tecnología, hay que estudiarla y dominarla.