“LA TOCHA” EUDOCIA HUERTA CASTRO

Era la tarde brumosa de un día martes del 30 de Mayo de 1922 en las periferias de la ciudad de Jinotega, una mujer embarazada estaba siendo asistida por la comadrona del barrio, la parturienta se llamaba doña Eulalia Castro de origen hondureña, compañera de don Román Huerta de origen de Managua.

Después de batallar un buen rato, entre pujidos, lagrimas, dolor y sangre llegó al mundo la hija décimo tercera de la familia, Eudocia Huerta Castro, eran sus hermanos mayores: Nicolás, Eduardo, Balbino, Brígido, Concepción, Juan Antonio, Juan Bautista y sus hermanas: Narcisa, Antonia, Prudencia madre del (Capitán GN-Pablo Lugo Huerta), Perfecta y Juana.

Desde niña aprendió la difícil tarea de los quehaceres propios de una casa. Sus maestras fueron todos sus hermanos bajo la supervisión de su madre. Era una familia numerosa, por lo tanto, eran pobres económicamente y vivían de las labores del campo que tanto el padre como los hijos varones hacían y las mujercitas se desempeñaban como ayudantes en las casas de los pudientes que pagaban una miseria por tales labores. Cuando Eudocia tuvo edad para ayudar con su trabajo, también lo hizo.

Unos años más tarde decidieron trasladarse a residir en Matagalpa, la ciudad vecina, y desde entonces toda la familia se convirtió en matagalpinos.

La Sra. Eulalia Castro se desempeñó en el oficio de tortillera en Matagalpa, trabajó junto a su esposo e hijos quienes se dedicaban a la siembra en el huerto familiar, con árboles frutales y cítricos que vendían en casa. Las mujercitas también se emplearon en las labores domésticas en diferentes casas.

A muy temprana edad, Eudocia comenzó a trabajar en la Refresquería de la “Cervandita” que se ubicaba en la venida central de la ciudad de Matagalpa, devengando un salario de dos córdobas mensuales. En ese lugar conoció a don Joaquín Castellón, quien le ofreció trabajo en su Hotel para atender a su clientela, pagándole un salario de sesenta córdobas al mes. Ahí se hospedaban nacionales y extranjeros sobre todo yanquis quienes daban buenas propinas. Con ese nuevo y mejor ingreso pudo comprar ropa, zapatos, etc., antes se vestía con los refajos de la patrona.

Años después se fue a trabajar como mesera en el Bar de Santiago Chirino, éste se ubicaba frente a las Oficinas de Claro de dónde alquilaban bicicletas media cuadra al oeste.

Este lugar era visitado por parroquianos de la ciudad donde conoció a su compañero el Sr. Luis Altamirano López, con quien procreó a sus primeros hijos, José Luis, Ronald, Dora Luz, Maximiliano, Pablo y Cesar Augusto.  Tiempo más tarde y con mucho sacrificio, su compañero Luis le compro el negocio a Santiago Chirino.

Muchos años después se traslada con su negocio a alquilar una de las casas de doña Monchita Picado, esposa del Sr. Eloy Hernández, quienes destazaban cerdos, vendían carne y todas sus menudencias.

Ya se conocía su negocio como “Bar la Tochita” y fue de ahí que le surgió la idea de hacer los nacatamales que dieron fama a la “Tocha”.

Para entonces ya había conocido al que sería el amor de su vida, Dn. Juan Cárdenas de oficio buhonero y comerciante que viajaba frecuentemente de Managua a Matagalpa, quien en un inicio se hospedaba en el Hotel “Monte León” propiedad del Sr. Rigoberto Delgado, surtiendo de mercaderías que halaba en un carretón por las calles del comercio de Matagalpa.

Don Juan fue un extraordinario hombre, corpulento, alto, obeso, que se miraba así, porque el corazón no le cabía en el pecho de tan grande que lo tenía, un excelente amigo, cariñoso, callado y honesto, con unas manos que solo se abrían para ayudar y con un cigarrillo siempre encendido en su boca.

De esa unión nacieron sus últimos tres hijos, Sigfrido, Orlando y Humberto y se amaron con la intensidad de la juventud hasta su fallecimiento causado por un fulminante infarto que lo llevo a la muerte. Hace casi cuarenta años que quedo sola, pero todos los días recuerda a ese gran hombre, sus últimos hijos se lo recuerdan permanentemente pues son el vivo retrato de Don Juan.

Para la década de los 60/70, se traslada a la esquina donde está funcionando hoy el “Hotel El Sosiego” casa que era de su compadre el Sr. Virgilio Altamirano, la que se ubica de la Alcaldía una cuadra al oeste. En este lugar dan inicio los famosos pollos indios que los compraba a doña Clara de Ortuño, esposa del ciudadano conocido cariñosamente como “El sapo Ortuño”, pollos deliciosos que hacía asados además de los riquísimos nacatamales y la venta de la sopa de mondongo. No he vuelto a beber otro mondongo como ese.

Ya conocida como “Bar y Restaurante La Tocha” que rezaba en un rótulo de la Pepsi-Cola haciendo competencia a los grandes de la época, como eran: “El Royal Bar”, “La Paso Largo”, “El Ahualcás”, “El Apante” entre otros.

Clientes asiduos que merecen especial mención, Sr. Adán Madariaga que llegaba con su carnal el Sr. Ramón Arnesto Soza, pidiendo una “media” con su respectivo pollo asado que saboreaba con su amigo, los señores  Víctor Mixters, Virgilio Altamirano, Daniel Somarriba, Coronel Davinsón Blanco, Danilo Luna, Meyerber Traña, conocido como el salsero y fígaro popular, el famoso mecánico don Mundo Castro, Santos López, Salvador Mendoza,  su compadre Leandro Delgado padrino de su hijo Sigfrido, los hermanos Pedro y Beto García, don Julio Cisne, el Poeta Julio Rivera, Dr. Guillermo Pernudy, Dr. Virgilio Cisne, Dr. Irineo Rivera, el famoso guitarrista Armando Morales Barillas, los hermanos Corriols “Salvador y Fafucha” además de todos los estratos sociales como obreros, taxistas, profesores entre otros.

Cuando se traslada frente al Hotel Bermúdez, que se ubicaba contiguo a la tienda de Don Alfredo Osejo, todos llegaban para tomarse aquella famosa botella de Ron Flor de Caña Negra o la media de Santa Cecilia con dos bocas, pollo asado con chilerito de cebolla picada y las rodajas de tomate manzano a su alrededor con chilito congo y lomito de cerdo adobado, eran dos bocas por cada media servida y el valor era de DOCE CORDOBAS.

A pesar de los precios que cobraba, llegó a tener sus ahorros y con mucho sacrificio pudo comprar una casa en el Barrio el Progreso que es dónde actualmente habito y allí estará hasta que el señor se la lleve.

Después se traslade a la salida de Jinotega propiamente en la esquina opuesta donde estaba la Farmacia de don Alejandro González, ya ahí eran otros tipos de clientes como todos los choferes de don Julio Vega, mecánicos como el Sr. Orlando Álvarez conocido como Tintán, Sr. Pablo López, Sr. Alberto Larios, los hijos de don Francisco Castro, Sr. Chico Ramón, Sr.  Marcelino Castro, Sr. Plutarco Montenegro, entre otros.

Para mediados de los años 70, se traslada de la casa de la Novia una cuadra al río, hasta que se dio la insurrección del 78-79.  

En una ocasión, un oficial de la guardia somocista llego exigiendo servicio, Dña. Eudocia le enfrentó cortésmente, pero firme y valientemente, le dijo que no le podía servir porque estaba uniformado, armado y en estado de ebriedad, allí mismo se armó el alboroto, sacó su pistola de reglamento, se la puso en la cabeza gritándole que si no le servía la mataría, ella con mucha seriedad le dijo:

Sé que Uds. están acostumbrados a matar gente indefensa, pero veremos qué tan hombre sos, vamos dispará sobre esta mujer vieja e indefensa.

Al ver la serenidad de la señora, bajó su pistola y se fue sin decir nada. Después del susto, Dña. Eudocia se percató que todos los parroquianos que habían, se habían ido.

No importa, dijo, sé que volverán y cuando vuelvan pagarán.

Más sin embargo horas más tarde el uniformado Oficial de la GN, que se había ido molesto, regresó en su búsqueda con dos patrullas haciendo varios disparos en el interior del negocio haciendo que todos se refugiaran en el segundo piso de la casa.  

Todos los clientes que se encontraban salieron asustados y corriendo para salvaguardar sus vidas. Unos aprovecharon y montaron la leonesa, la mayoría regreso a pagar lo consumido.

Para el año del 2014 la Alcaldía y el Consejo Municipal de Matagalpa le dio justo reconocimiento como persona Notable de Matagalpa. Así mismo el que escribe quiere dar su reconocimiento personal a esta notable mujer, madre, esposa y amiga, que a pesar de tener todo en su contra, supo combinarse entre el difícil papel de madre y de empresaria independiente, pero, sobre todo, destacarse en el mundo difícil de servicios de Bar y que a pesar de estar al frente del negocio una mujer, siempre hubo respeto para ella.

Este próximo 30 de Mayo la Sra. Eudocia Huerta “La Tocha” cumplirá noventa y cuatro años de existencia, desde ya agradecemos a Dios por haberle cuidado de tanto peligro, por todos los hijos que le regaló a Matagalpa y que ahora son los encargados de velar por esta noble dama.

Es cierto que ya no hay modo de degustar del pollo asado, de la sopa de gallina con albóndigas, de los nacatamales y del famoso mondongo, porque ella ya está completamente retirada, pero nos queda el gusto de haber probado en repetidas ocasiones cada uno de esos suculentos platos y sobre todo de haber disfrutado de la amistad de ella y de sus hijos.

Escrito por

Leandro Delgado Miranda