Cuentos y Leyendas Nicaragüenses

 

La cegua

La cegua se cree que son súcubos en forma de mujer, con garras y de pelo largo estas salen por las noches en los barrios de Nicaragua, y persiguen a los trasnochadores los cuales cargaban con semillas de chía, la que utilizaban para arrogarlas al suelo cuando se encontraban con la cegua, ya que se decía que esta trataría de recogerla y se olvidaba de su víctima y esta podía escapar.

La Carreta Nahuatl

La carreta nahuatl sale a la 1 a 3 de la mañana en noches oscuras y en el ambiente pesado como presintiendo que algo malo va a pasar, Al caminar hace bastante ruido; pareciera que rueda sobre un empedrado y que va recibiendo golpes y sacudidas violentas a cada paso.

También pareciera que las ruedas fueran de huesos.

La carreta nahuatl se escucha en el silencio de la noche por las calles de la ciudad y los caminos solitarios. Se dice que cuando se escucha la carreta y en su casa hay recién nacidos no bautizados hay que poner una vela blanca encendida en el aposento de este, para que la carreta no se lo lleve. Cuentan que cuando una persona logra verla caen enfermos, presos de fiebres, y a veces locos.

Los que han tenido suficiente valor de asomarse por alguna ventana al pasar, han dicho que es una carreta muy vieja y floja, más grande que las carretas comunes, cubierta de una sábana blanca en forma de toldo, y que va conducida por la Muerte Quirina, envuelta también en una sábana blanca, con su OZ sobre el hombro izquierdo.

Y que va tirada por dos bueyes flacos con ojos rojos y las costillas casi de fuera; uno de color negro y el otro overo.

La carreta Nahualt no puede avanzar por las esquinas que forman una cruz, al llegar a esta desaparece y a parece en la siguiente cuadra.

La Mocuana

Hace muchos años, en los primeros días de la Colonia, en lo que hoy es Sébaco, había un Cacique poseedor de una gran cantidad oro, motivo por los que llevó ahí a muchos españoles, estos fueron muy bien recibidos por el indio, quien les entregó tamarindos de oro para que los enviasen al rey de España.

Después del obsequio, el Cacique rogó a los extranjeros que se alejasen y no volviesen. Estos aparentaron hacerlo, pero al poco tiempo regresaron; y esta vez con intenciones de tratar de conquistar y arrebatar dicho oro. Por lo cual el cacique decidió esconder sus tesoros, y solo él y su hija conocía la ubicación del escondite.

Pasó el tiempo y uno de los hijos de los viejos españoles vencidos, se enamoró perdidamente de la hija del Cacique, que era muy bella.

Esta correspondió el amor; y como bien sabía que su padre se opondría rotundamente al matrimonio, huyó con el español.

Generosa, le dio a su amante europeo las riquezas que poseía y este, satisfecho, y no esperando nada más de la pobre india, la encerró en la cueva de un cerro y le tapó su salida; pero ella, conocedora del lugar, logró escapar por otro lugar.

La actitud de su amante le causó la pérdida del juicio y se convirtió en la bruja La Mocuana.

Desde entonces se aparece en los caminos e invita a los transeúntes a seguirla hasta la cueva. La gente dice que nunca le han podido ver el rostro; solamente su larga y cimbreante figura y su preciosa cabellera.

En el departamento de Matagalpa existe una serie de cuevas interconectadas, que podrían ser el lugar donde el español encerró a la india.

El Padre sin Cabeza

Cuenta la leyenda que en el año 1549 en la ciudad de hoy León Viejo, alentados por su madre doña María de Peñalosa, los hermanos Hernando y Pedro, hijos del segundo gobernador de Nicaragua don Rodrigo de Contreras, planearon la muerte del primer Obispo en tierra firme fray Antonio de Valdivieso, defensor de los Indios y mediador de las ambiciones de los funcionarios y el clero.

Fue asesinado a puñaladas a mano del fiero capitán Juan Bermejo. Con la muerte de este religioso, el primero cometido en América, los asesinos se repartieron la provincia, su población, los objetos de valor y las joyas episcopales del Obispo.

Después de este crimen, que llenó de indignación y de malos presagios a todos los creyentes, aparece una leyenda que refiere, que durante los primeros años de la existencia de la ciudad de León Viejo, el padre de su iglesia fue decapitado de un solo machetazo en el atrio de su mismo templo, por dos poderosos hermanos, y que su cabeza había rodado hasta la orilla del lago Xolotlán, donde se sumergió dando origen a una inmensa ola que se levantó sobre la superficie y avanzó hacia la ciudad, cada vez más grande y fuerte, llegando a reventar donde había sido asesinado el religioso y sepultando a la ciudad.

Pasado este hecho devastador, los indígenas empezaron a ver en los atrios de las iglesias y en las calles solitarias de los pueblos, un bulto negro que se protegía bajo el peso de la lúgubre oscuridad. Con el paso del tiempo algunos moradores se dieron cuenta que la aterradora y sombría aparición era nada menos que un padre sin cabeza.

Refiere la leyenda que el padre sin cabeza camina penando por el mundo, visitando los templos de las diferentes ciudades, rezando las letanías o el rosario, buscando su iglesia y su cabeza. Algunos refieren que el padre aparece solo el Jueves y el Viernes Santo, para visitar las iglesias y que cuando se encuentra frente a cualquiera de ellas hace reverencia en la puerta del perdón.

La Mona

El relato de la leyenda dice que una desdichada mujer, transformada en una horrible criatura, da sustos a los transeúntes que andan por los solitarios caminos. En ocasiones la mona se atreve incluso a llegar hasta los barrios céntricos de los pueblos, correteando sobre los techos de las casas, arañando las tejas con sus garras. Se dice que hace muchos años, quizás desde tiempos coloniales, una guapa mujer fue tranformada en mona por una bruja.

Muchos dicen que la espantosa conversión fue debida a la envidia que la bruja tenía hacia la extrema belleza de la mujer. Los rasgos más característicos, son sus extrañas facciones de simio, baja estatura, el cuerpo cubierto de pelos, con unos ojos rojos y muy penetrantes, y que además posee un grito aterrador y escalofriante.

Al parecer es normalmente enviada por algún brujo o bruja a atacar a una persona en especial. Aunque muchas veces La Mona simplemente camina deambulando por las calles de algún lugar asustando y molestando al primero que pase y tenga la mala suerte de cruzarce con ella.

La Llorona

Los rumores cuentan así la historia de la llorona, Ella era una niña de 13 años que ayudaba a su mama a lavar la ropa de sus nueve hermanos menores y acarreaba el agua para la casa. La mamá no se cansaba de repetir a su hija cada vez que la veía silenciosa moler el maíz o palmar la masa:

Hija, nunca se mezcla la sangre de los esclavos con la sangre de los verdugos.

Ella le decía verdugos a las personas de raza blanca, ya que la mujer era india.

La hija, en la tarde salía a lavar al río y un día de tantos se arrimó un blanco que se detuvo a beber agua en un pozo y le dijo adiós al pasar. Los blancos nunca le hablaban a los indios, solo para mandarlos a trabajar.

Entonces bajo un gran árbol de ceibo que sirve para lavar ropa, ahí por el río, se veían todos los días y ella se enamoro de él. – Mañana, blanco, nos vemos a esta misma hora, -le decía siempre.
Con el tiempo ella quedo embarazada, pero la familia no sabía que se había entregado al blanco. Cuando ella estaba por dar a luz, el blanco se fue de la isla de Ometepe, se iba para su tierra y ella le lloraba para que se la llevara. Pero él se fue y la dejo, La indita lloraba y lloraba, inconsolable, a moco tendido en eso le dio un ataque y se desmayo.

Cuando ella se despertó al día siguiente, estaba un niño a su lado y en lugar de querer aquel muchachito, lo agarró y con rabia y le dice: -Mi madre me dijo que la sangre de los verdugos no debe mezclarse con la de los esclavos.

Entonces se fue al río y voló al muchachito cuando cayó al agua. Al instante se oyó una voz que decía: ¡Ay! madre… ¡ay madre!… ¡ay madre!… La muchacha al oír esa voz se arrepintió de lo que había hecho y se metió al agua queriendo agarrar al muchachito pero entre más se metía siguiéndolo, más lo arrastraba la corriente y se lo llevaba lejos oyéndose siempre el mismo llanto: ¡Ay madre!… ¡ay madre!… ¡ay madre!

Cuando ya no pudo más se salió del río. El río se había llevado al chavalito pero el llanto del niño no, que a veces lo oía lejos y otras veces cerca: ¡Ay madre!… ¡ay madre!… ¡ay madre!… La muchacha afligida y trastornada con la voz, enloqueció. Así anduvo dando gritos, por eso le encajaron La Llorona.

La Llorona se manifiesta a través de un quejido largo y lastimero, seguido del llanto desgarrador de una mujer cuyo rostro nadie ha visto. En el bario del Calvario de León, se sabía que cerca del río, allá detrás del Zanjón, pasaba el llorido de la Llorona. Las lavanderas del río contaban que apenas sentían caer el sereno de la noche, debían recoger la ropa aún húmeda y en un solo montón se la llevaban. De lo contrario, La Llorona se las echaba al río.

El Cadejo

Existen dos tipos de cadejos El cadejo Blanco y El cadejo Negro.

El cadejo blanco es un guía y guardián protector del hombre; es bueno y camina a la par o detrás de la persona para resguardarlo de los malignos espiritus, defendiéndolo de cualquier peligro y acompañándolo hasta su destino. El cadejo blanco no se cansa de caminar y al amanecer desaparece.

El cadejo negro es un espíritu maligno, enemigo declarado del hombre que trata de dañarlo o matarlo en sus andanzas nocturnas; simboliza el mal, por eso es negro, es fiero y tiene ojos de fuego.

A los trasnochadores usualmente tras de ellos se aparece el cadejo negro siguiéndolos en forma de un perro pequeño, que cada vez que uno se da vuelta a verlo el perro va creciendo y creciendo hasta tener el tamaño de un gran lobo, al tener este tamaño este decide atacar, es cuando el cadejo blanco se interpone y lo distrae para que el hombre pueda huir.
Hay ocasiones en que se establece una encarnizada pelea a muerte entre ambos animales; en este caso el caminante defendido por el cadejo blanco debe permanecer en el lugar de la contienda hasta el final de la pelea, de lo contrario su protector morirá al no contar con la ventaja de la presencia. En enfrentamientos en los que se cuenta con la permanencia del defendido, los cadejos nunca llegan a matarse; solo salen lastimados y el negro vencido.

Se dice que cuando el hombre rechaza la compañía del cadejo blanco y trata de hacerle daño, éste se lanza sobre su agresor, lo revuelca, lo muerde y lo deja mortalmente herido.

La Chancha Bruja

Son brujas que se convierten en Grandes Chanchas Negras, dando tres volantines para atrás y tres para adelante, echando el alma por la boca en el guacal grande y blanco al final del tercer salto delantero.

Están salen de noche a aterrorizar a las trasnochadores que apenas divisan, aligeran el trote y comienzan gruñir fuertemente, con el gruñido con que se caracterizan cuando andan en celo o brama, ya cerca de la persona, la envisten fuertemente; le dan trompadas y mordiscos en las piernas. Esta trata de correr y si no lo hace a tiempo, la chancha bruja la derriba al suelo y la golpea hasta hacerla perder el conocimiento. Al día siguiente la victima aparece molida y mordida, y con los bolsillos vacíos.

Aseguran los indios de Monimbó que hay mujeres en el barrio que tienen la manía de ser brujas, que se transforman, por ser conformes con su manía, en chanchas, y micos brujos y en ceguas.

El Cacique Adiac

Unos de los valores más representativos del pueblo indígena de Sutiava, de importancia y que llena de orgullo, identidad y patriotismo es la leyenda del cacique Adiac que también se le conoce como cacique del Tamarindón.

Dicen los abuelos que el Cacique fue el que recibió a los emigrantes leoneses que pretendiendo asilo temporal, llegaron hasta sus aposentos. Él juntó a una delegación de sus guerreros y el concejo de ancianos, dialogaron y negociaron la estadía temporal.

Se cuenta que fue un gran guerrero, de batallas en Olocotón, El Apante, El Opico, Orota y el Ostayo. Se dice que Adiac confió mucho en la palabra de sus vecinos y que por eso fue capturado al noroeste de Subtiaba, asesinado y colgado en el antiguo árbol del Tamarindón. Como símbolo de terror y dejar secuela sicológicas fue dejado por días como para doblegar el coraje de su pueblo.

A pesar de el anonimato y el bozal históricos que algunos imponen, Adiac vive en el corazón y nervio de cada descendiente de Sutiava. Sigue viva en la memoria colectiva.

La Taconuda

Es una mujer de 7 pies de estatura, joven, pelo largo que le llega hasta la pantorrilla, delgada, zapatos de tacón altos y curvos, de cara seca, de ojos hondos labios pronunciados, pintados y risueños, chalina negra, bustos respingados, vestido blanco con un fajín de plata y hebilla cuadrada grande y un cintillo dorado en el pelo.

Esta linda joven era hija de un cacique que era dueño de todas las haciendas desde la línea hasta llegar a Masaya; su padre le heredó todas sus riquezas por ser la única hija, es de apellido Sánchez.
Dicen que sale en los cafetales, en las cuchillas cerca de las haciendas que llevan por nombre Corinto y Las Mercedes. El encanto de ella es agarrar a los hombres y ponerlos locos, le sale a los capataces y los lleva a las curvas de los caminos, dejándolos adormecidos y desnudos hasta que sus familiares los encontraban.

Cuando la taconuda pasaba, dejaba un gran aroma de perfume y por eso la identificaban pero no a todo hombre se llevaba. Dicen los que la han visto que le gusta que la llamen taconuda.